IMAGEN ÉTNICA artesanía argentina*arte en espejos y más...


Imagen Étnica es un proyecto artístico artesanal cuyo objetivo es rescatar el arte, la cultura y los valores de diversas etnias latinoamericanas . Piezas únicas hechas a mano. Los espejos como todos nuestros objetos, están hechos de forma artesanal y con materiales reciclados.

Utilizamos imágenes étnicas las cuales son recreadas artísticamente con diseños de libre interpretación.

NUESTROS DISEÑOS

NUESTROS DISEÑOS


TODOS NUESTROS TRABAJOS SON PIEZAS ÚNICAS HECHAS A MANO.
CADA UNO DE LOS ESPEJOS TIENE UN TÍTULO QUE LO CARACTERIZA E IDENTIFICA Y NUESTRA FIRMA QUE LO GARANTIZA .
UTILIZAMOS MATERIAL RECICLADO PARA LA REALIZACIÓN DE LAS PIEZAS.

CADA UNO ES COMO UN INSTANTE DE ESTA VIDA, IRREPETIBLE.

Los pueblos, los hombres se enfrían por ausencia de espíritu. Pero estamos nosotros, con pedernal y yesca, con melodías y cantares, poemas y reflexiones, alto desvelo y sueños de todo tipo, para entibiar las horas de aquellos que no quieren congelarse todavía...

...Ninguna fuerza abatirá tus sueños, porque ellos se nutren con su propia luz. Se alimentan de su propia pasión.

Atahualpa Yupanqui

NUESTRO TALLER por Luce Salabelle

NUESTRO TALLER por Luce Salabelle
Luce Salabelle (Paris -France )

25/5/08

LA AUTOESTIMA

Cuando pienso en la autoestima la imagen que mi cabeza imagina es la de una mano que manipula cuerpos livianos y eternamente sin peso como cuando una pluma esta sujeta a la voluntad del viento...
Y entonces recibo un mail de María Cecilia Foulon ( persona que emana creatividad en todo sus actos) y me digo que ella es de esas personas que siempre están dando soplidos para ser parte del viento para que todas la plumas vuelen por los aires como en un eterno ballet y por nada del mundo estén por el piso para ser pisadas y olvidadas.
Comparto con ustedes un artículo que escribió en la Revista Digital de Cultura y Política
La Tecl@ Eñe y comprueben que aún existe gente que hace que tratemos de darnos cuenta que momentos de felicidad son posibles de encontrar en pequeños y simples instantes de nuestra vida cotidiana.
Gracias Cecilia por estar y ser parte del viento haciéndome sentir por los aires y danzando cada vez que estoy en contacto con tu persona.

TAMARA


Zona Literaria - Con y como los gatos - María Cecilia Foulon

Con y como los gatos
Por María Cecilia Foulon


Ilustración: Torso Amatista - María Cecilia Foulon y Tejido Intrincado bajo el agua MCF



Té con limón. Me duermo, me despierto. Y más té con limón.
Estiro las frazadas y me tapo hasta la nariz. Qué digo!... hasta la cabeza.
Llovizna tupido. Por la ventana todo se ve grisáceo. Plomizo el cielo, parduscas las baldosas del patio. El aire pesa cargado de humedad, y hace calor.
Es extraño el clima para esta época del año, invierno, pleno invierno, aunque no lo parece.
Y me tapo hasta la cabeza. Será por el resfrío? Puede ser. Los bichitos se colaron por alguna rendija que encontraron, estaba con las barreras de protección baja. Pero ¿Cómo protegerse cuando una se siente calada por una humedad que no es la circundante, sino una más densa que viene desde la propia médula, como una neblina que todo lo empaña?
Los vidrios de la ventana están empañados, se desdibujan las siluetas de los arbustos y no hay pájaros que se animen a detener el vuelo sobre la pared lindera.
El mundo parece detenido, lejano. Pero no es cierto, lo sé, lo percibo. Allí afuera, en la calle, los coches pasan sobre el pavimento, escucho el sonido del rodar de los neumáticos sobre lo mojado, chasqueante. Y la gente transita yendo a sus tareas.
Enciendo el televisor. Y veo tres mujeres, las tres muy parecidas, maquilladas, peinadas, con ese aire artificial de las conductoras de los programas de TV de la tarde.
Están hablando de la puta autoestima. Sonriendo, sonriendo-se unas a otras, y alternativamente hacia las cámaras. Es decir, de frente al público que se engancha inevitablemente con ellas. -“Hay que hacer lo que uno quiere, no postergar nada” -pontifican desde el módico espacio, con escenografía más módica todavía. - “Es preciso anotarse en ese curso que siempre soñamos, ir de compras, renovar el vestuario...” etc. etc. etc....
¿En qué mundo viven estas tilingas? Ay... !, esto de llamarlas tilingas, me delata, me estoy poniendo vieja. Tilinga era una palabra que usaban mi mamá y mi tía, y que ahora nadie conoce. Hoy, si quiero ser tajante, podría decir “estas locas”, o simplemente “las muy boludas”. Sin embargo, de boludas, nada, eso seguro. Al menos encontraron un filón que les permite sobrevivir y ganar guita en este país en que la gran mayoría de la gente, minga de trabajo. Es probable que si les presto algo de atención me entere que se recibieron de Psicólogas -que viene a ser el equivalente de estudiar Corte y Confección en otras décadas. “Serás lo que debas ser, o no serás nada”... No, serás: Psicóloga. Aquello de estudiar Corte y Confección ya no sirve de nada, y está tan fuera de lugar como querer ser maestra. ¿Quién quiere ser maestra con estos niños de los tiempos violentos, que van a la escuela con armas, hambrientos de toda hambre, drogados de bits o de paco -eso según al barrio en el que esté la escuela-? Solamente las que tienen vocación, y esa rara y escasa elite en este caso no cuenta: con vocación siempre quedan algunas pocas, ayer y hoy, no hay diferencia.
El caso es que las minas en la tele siguen hablando de la autoestima. Según ellas, para conservarla hay que cuidar el peso y por lo tanto comer todo sanito, ligth e ir un gimnasio. ¿Sabrán estas minas que comer puede ser una cuestión de elegir lo de menor precio? Que en el mejor de los casos, si tenés un mango la opción más barata de comida es la que más engorda? Bueno, no es el caso... de ellas, según parece -o se la pasan regio, o tal vez sean bulímicas o anoréxicas con sus cuerpitos huesudos y las tetitas de plástico. La cuestión de la autoestima pasa también por conseguirte un mino que te mantenga, y que como suele ocurrir por mantenerte te quite la autoestima... y te joda todo lo posible la vida.
Las escucho afirmar con desparpajo que tenemos que trabajar en lo que nos dé satisfacción, porque esa es la mejor manera de progresar en la vida. ¿Están en pedo? ¿O qué les pasa a estas minas? La mayoría de los argentinos quieren trabajar, con desesperación, en lo que sea. Quieren trabajar sin más pretensión que eso tan elemental: tener un trabajo digno, remunerado, y dejar de estar pendientes de encontrar una changa, algún rebusque, o conseguir alguna ayuda - ropa usada de Caritas, el bolsón de alimentos de la Municipalidad, o los escasos pesos de un plan del gobierno, que incluye a entrar en el circo de los punteros de turno.
Hago zaping. En otro canal, los chefs preparan unos apetitosos platos, muy accesibles... con langostinos, mango, etc. Total, si estamos en el Caribe...! Que los parió!... Por qué no enseñan a cocinar los frijolitos volteados o refritos, de precio más acomodado...?
Apago el televisor y me tapo nuevamente.


La cama está tibia, cómoda, confortable. Descanso mi cabeza sobre la almohada a la que redescubro inesperadamente suave y mullida. Siento sobre las piernas el peso de Sofía, que ronronea como una gata feliz, plácida y satisfecha con su lugar en este mundo, en esta casa, y en esta cama. Ella con sabiduría sabe por instinto discernir con naturalidad lo que es bueno en la vida. Ronronea y deja atrás el recuerdo de los días inciertos en que vagaba sin rumbo, sin techo, y sin comida; se adapta a su nuevo status de gata mimada que duerme arriba de la cama.
Y me contagia, juro que me contagia.
Yo también casi ronroneo contenta. En este día gris, en que llueve, y todo asfixia, siento que cuento con el extraordinario privilegio de su compañía. Y lo disfruto.
Mi autoestima sube y sube.
Atenti, chicas de la tele! Hay otras recetas! Si quieren se las paso!
No es porque haya decidido hacer gimnasia, no adelgacé súbitamente, ni recordé mis habilidades, mis ridículos títulos, o los logros por mis estudios. Es que, maravillada, descifro que tengo una rara y preciada habilidad: puedo ronronear con y como los gatos...



Por María Cecilia Foulon - Artista Plástica
es posible encontrar en las pequeñas cosas grandes porciones de felicidad.

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